Algunos cibermalos ahora son un poco menos ‘ciber’ pero siguen siendo igual de ‘malos’. De hecho, están abandonando esa protección digital de la que gozaban y se están dejando caer físicamente por las empresas a las que quieren atacar y extorsionar.
Así lo señala el FBI. El organismo ha lanzado una nueva alerta sobre una evolución preocupante en las tácticas de un grupo de extorsión conocido como Silent Ransom Group. Sin pensárselo dos veces, este grupo está recurriendo a la interacción física como parte del proceso de intrusión. Sí, como en aquellas películas donde los hackers se colaban en algunas instalaciones o despachos, pero haciéndolo a simple vista.
La banda lleva activa desde al menos 2022 y lleva atacando a despachos de abogados en EE.UU. desde 2023.
Estos ciberdelincuentes han ido refinando sus campañas de ingeniería social hasta adoptar una estrategia híbrida. Lo que comenzó con correos de phishing y llamadas fraudulentas simulando soporte técnico ha evolucionado hacia una combinación de engaño digital y presencia física en los lugares de trabajo de las víctimas.
En su alerta más reciente, el FBI advierte de que los atacantes se hacen pasar por personal del departamento de informática de las propias organizaciones.
“Los actores de SRG llaman directamente o envían correos electrónicos de phishing para instar a los empleados a que llamen al actor de SRG haciéndose pasar por soporte de TI”, señala la agencia en su notificación. A partir de ahí, la estrategia busca que la propia víctima facilite el acceso a sus equipos, normalmente mediante herramientas de escritorio remoto.
Del ataque remoto a venderles la moto
Si el engaño telefónico o por email no funciona, el grupo escala un nivel más y ejecuta la intervención física. En estos casos, los atacantes envían a una persona que se hace pasar por técnico de soporte informático hasta las instalaciones de la víctima.
Su objetivo es persuadir a los empleados para que conecten dispositivos externos al equipo comprometido, bajo pretextos como la necesidad de “formatear el equipo o crear un archivo de copia de seguridad para mitigar los posibles impactos del correo electrónico de phishing”, según explica el FBI.
Una vez dentro del sistema, los atacantes escalan privilegios y se centran directamente en la exfiltración de datos, sin desplegar necesariamente ransomware en forma de cifrado. Para ello, utilizan herramientas legítimas como WinSCP o Rclone, e incluso recurren a servicios en la nube como Google Drive o Microsoft OneDrive para mover la información robada sin levantar sospechas.
El FBI también alerta de que en algunos casos el grupo ha llegado a utilizar físicamente dispositivos de almacenamiento externos.
“Al enviar a alguien en persona al lugar donde se encuentra la víctima para facilitar la intrusión, los atacantes de SRG extraen datos a un disco duro externo o a una unidad USB insertada por el atacante en el ordenador de la víctima”, recoge la alerta.
El resultado de estas campañas sería especialmente difícil de detectar. Según la agencia, “las recientes campañas de SRG dejaron pocos rastros en los equipos comprometidos” y, además, el uso de herramientas legítimas de administración hace que muchos antivirus tradicionales no detecten la intrusión.
Tras el robo de datos, el grupo extorsiona a las organizaciones amenazando con publicar o vender la información, e incluso contacta con empleados y clientes para incrementar la presión.

