Una nueva función con inteligencia artificial que reconoce rostros en los timbres inteligentes de Amazon está provocando un fuerte debate sobre la privacidad de las personas. La tecnología, llamada Familiar Faces, permite que un videoportero identifique hasta 50 personas -como familiares, amigos o repartidores- y avise con el nombre de aquel que llama a la puerta.
Markey pidió explicaciones a la empresa de Jeff Bezos y esta reconoció que los datos biométricos (es decir, las características de la cara) pueden guardarse indefinidamente y que las personas grabadas no tienen forma de asegurarse de que su información sea borrada, salvo pidiéndolo casa por casa.
El senador ha advertido que esto no solo afecta a quienes instalan la cámara, sino también a repartidores, visitantes o cualquier persona que pase por la puerta, que podría estar siendo escaneada” sin saberlo.
Amazon se ha justificado indicando que la función no se activa automáticamente -los usuarios deben elegirlo- y que los datos están cifrados y no se comparten con terceros. También asegura que los rostros que no se identifican como conocidos se eliminan después de 30 días.
A pesar de estas garantías, grupos a favor de la protección de datos y varios legisladores siguen preocupados por el riesgo de abuso o de vigilancia masiva, especialmente en un momento en el que la tecnología de reconocimiento facial se está expandiendo rápidamente.
No obstante, en algunos lugares de Estados Unidos, como en Illinois y Texas, la función ni siquiera puede usarse debido a leyes que protegen los datos biométricos.
En Europa la violación de la privacidad sale ‘más cara’
En Europa las cosas son más restrictivas. El Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) considera los datos biométricos -como las características faciales que permiten identificar a una persona- como extremadamente sensibles y su tratamiento está muy limitado.
En España, por ejemplo, la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) ya ha señalado que los sistemas de videovigilancia tradicionales no pueden incluir tecnologías como el reconocimiento facial sin una base legal específica, porque son mucho más intrusivos que simplemente grabar imágenes.
Eso significa que, incluso si empresas como Amazon quisieran ofrecer funciones similares a Familiar Faces en Europa, tendrían que cumplir con normas mucho más exigentes sobre consentimiento explícito, transparencia y derechos de las personas para borrar o limitar el uso de sus datos.

