Las estafas por mensajería ya no constituyen incidentes aislados, sino una amenaza cada vez más extendida en la que sus autores están aprovechando la inteligencia artificial (IA) para replicar la identidad de empresas conocidas, generar mensajes convincentes y aumentar la presión emocional sobre las víctimas.
La IA impulsa la suplantación y debilita la desconfianza
El estudio señala que las estafas más comunes a nivel mundial son las que utilizan como gancho los falsos avisos de entrega (38%), seguidas de cerca por los fraudes de inversión (37%). La suplantación de marcas ocupa el tercer lugar (31%), un porcentaje que en España asciende ligeramente hasta el 32%.
La IA permite a los ciberdelincuentes perfeccionar sus ataques y ya se ha convertido en una herramienta esencial en la elaboración de estas estafas. Según el informe, dos tercios de las víctimas (66%) creen que esta tecnología desempeñó algún papel en el engaño que sufrieron, ya fuera mediante mensajes generados con IA (43%), voces sintéticas (31%) o imágenes y vídeos deepfake (25%). En España, el 48,8% de los afectados sospecha que la IA estuvo implicada, y el 47,2% identificó mensajes que atribuyó a sistemas automatizados.
«La IA ha acelerado las estafas de suplantación de marcas hasta un punto en el que la confianza en los mensajes cotidianos se está erosionando lentamente», advierte María Isabel Manjarrez, investigadora sénior de seguridad del equipo Global Research & Analysis Team (GReAT) de Kaspersky.
Los datos del informe reflejan el alcance de esa pérdida de confianza. Prácticamente todas las víctimas consultadas (99%) aseguran que, tras caer en una estafa, desconfían de las notificaciones que reciben a través de los canales de mensajería. Esta reacción también afecta a las empresas, cuyas comunicaciones legítimas pasan a compartir espacio con mensajes fraudulentos que reproducen su identidad, su lenguaje y sus formatos habituales.
La reiteración de los engaños agrava el problema. Más de una cuarta parte de los afectados (28%) afirma haber sido estafado en tres o más ocasiones, una proporción que en España se sitúa en el 19,6%. Según el estudio, esta recurrencia alimenta un ciclo en el que la desconfianza continúa creciendo mientras la exposición y el riesgo sigue siendo elevados.
«Las empresas deben ir más allá de reaccionar ante incidentes individuales y centrarse en la prevención, mediante capacidades de detección más sólidas, prácticas de comunicación más claras y una educación continua para los clientes», apunta Manjarrez.
Estafas rápidas y a través de varias plataformas
En el conjunto de los países analizados, WhatsApp fue la principal vía de entrada de estas estafas, siendo el origen del 43%, seguido de los SMS/iMessage (40%) y Facebook (27%). Además, casi dos de cada tres fraudes (63%) se desarrollan en varias plataformas, encadenando mensajes, enlaces y llamadas. Este enfoque multiplataforma puede aumentar la credibilidad del engaño y dificultar su detección.
Otra característica destacada de estas estafas es la rapidez con la que se cometen. Más de la mitad de las consumadas (52%) se completó en menos de 30 minutos desde el primer contacto hasta la entrega de dinero o información personal. En el 14% de los casos, todo el proceso duró menos de cinco minutos.
Consecuencias de las estafas e impacto en las víctimas
Entre todas las víctimas encuestadas, el 51% perdió dinero y el 43% proporcionó información personal, principalmente números de teléfono, nombres y direcciones de correo electrónico. El perjuicio económico se sitúa en 733 dólares de media (alrededor de 632 euros), aunque el impacto va mucho más allá de la pérdida financiera o de datos.
Inmediatamente después de la estafa, más de la mitad (54%) de las victimas afirmó sentirse enfadada, el 42% frustrada y el 38% alterada. En España, las emociones registradas fueron más intensas: un 54,8% sintió enfado, un 52,8% frustración y un 47,2% malestar.
Además, estas emociones tardan tiempo en desaparecer. Un promedio de seis meses después, el 48% de las víctimas aseguraba que seguía sintiéndose enfadada, mientras que un tercio continuaba frustrado (33%) o alterado (30%). En España, el impacto emocional persistente también continuaba siendo significativo: el 42% seguía sintiéndose enfadada, el 38,4% frustrada y el 39,6% alterada meses después de la estafa.
Cómo reducir el riesgo de estafa
El informe de Kaspersky concluye con una serie de recomendaciones dirigidas tanto a los usuarios como a las empresas para reducir el riesgo y limitar el alcance de estas estafas. A los usuarios les aconseja detenerse antes de actuar ante cualquier petición urgente y comprobar la identidad del remitente por una vía diferente, en lugar de acceder directamente a los enlaces incluidos en el mensaje. Si la comunicación parece proceder de un familiar, un compañero o una empresa conocida, verificarla a través de otro canal puede ayudar a descubrir el engaño antes de entregar datos o realizar un pago.
En el caso de las empresas, Kaspersky recomienda aclarar qué información nunca solicitarán por mensajería, dirigir a los clientes hacia canales verificados, desarrollar campañas de concienciación y reforzar la detección y retirada de contenidos que suplanten su identidad.

